Hacia un nuevo concepto de comunicación...

Internet no solo ha cambiado nuestra forma de obtener información, sino que también ha transformado nuestra forma de relacionarnos y de posicionarnos ante una realidad en continua transformación. En un entorno social en el que están desapareciendo, como si de una raza en peligro de extinción se tratase, las fronteras entre los medios masivos como la televisión o la radio y los servicios de comunicación tales como el teléfono o los ordenadores, se están produciendo una serie de revoluciones que afectan a la sociedad desde múltiples perspectivas: tecnológicas, económicas, sociales y políticas. Lo cierto es que, en estos años del nuevo milenio, el ser humano vive y actúa en un escenario comunicativo que se cimienta en la convergencia entre las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

La verdad es que tanto los ordenadores, sus añadidos multimedia e, incluso, el todopoderoso Internet, así como la veterana televisión, se están aproximando a una nueva forma de entender los servicios de comunicación y entretenimiento. Esta idea de “convergencia” se asienta sobre la base de la homogeneización de todos los soportes, así como de los productos ofrecidos y las lógicas de emisión y consumo de las industrias de naturaleza infocomunicacional, como son las telecomunicaciones, la informática, la industria audiovisual o la prensa escrita

En el vértice de este fenómeno mediático encontramos a Internet, el hijo primogénito del cruce entre la tecnología informática y la tecnología de la comunicación. Sin embargo, para muchos, esta revolución a la que nos enfrentamos no es más que la punta de un enorme iceberg, que oculta bajo la superficie una ciclópea revolución de las formas en las que los individuos se comunican, se entretienen y distraen o, en la forma en que trabajan.

Hasta hace muy poco tiempo, nos sentábamos cómodamente en nuestro sofá, como si de un rito ceremonial se tratase, para disponernos a asistir al espectáculo televisivo ofrecido por las cadenas, sin imaginar si quiera, la posibilidad de elegir la película que queríamos ver, reproducirla tantas veces como quisiésemos o, incluso, poder verla cuando se nos antojase o nos resultara más cómodo.

Hoy en día todas estas posibilidades, hasta hace unos años prácticamente imaginarias, son una realidad. En el siglo XXI, la unión de dos medios, como la televisión e Internet, constituye un fenómeno emergente que presenciamos diariamente, aunque para muchos, todavía es un auténtico desconocido. En las próximas entradas nos adentraremos más a fondo en esta nueva apasionante realidad.